
Bobby Fischer con blancas, Tigran Petrosian con negras. Belgrado, 1970, minutos antes de empezar la primera partida del match U.R.S.S.-Resto del Mundo. El rostro de Petrosian está diciendo algo así como “Hola, amigos, me llamo Tigran Vartanovich Petrosian. Soy ex-campeón del mundo de ajedrez y un héroe nacional en Armenia, mi tierra natal. Voy a jugar una partida contra este americano rarito y espero vencerle”. La cara de Fischer, por el contrario, no es tan amigable. Por su mente navegan pensamientos más tortuosos, del tipo “Maldito fotógrafo hijo de la gran puta, vete a tomar por culo. He venido a jugar, no a k me saken fotos como si fuera un mono. No voy a tolerar k me vuelvan a sacar fotos antes de las partidas. Si kieren fotografiarme, tendrán k pagarme. Hablaré con los organizadores y exigiré cien dólares por cada foto. Necesito concentrarme. No puedo concentrarme con este ruido y estos flashes. ¿Por k coño habré aceptado venir a jugar? Debería haberme kedado en casa. Si pierdo, los rusos se reirán de mí. Cabrones, siempre empeñados en hundirme… Debería irme ahora mismo, dejarlos a todos akí tirados !Comunistas, hijos de puta! Bah, no puedo hacerlo. En América no lo entenderían. Los periodistas dirían k soy un cobarde, k me he cagado. K sabrán ellos… deberían estar todos picando piedra en el campo. Con cadenas en los tobillos y traje de rayas, hehe, eso estaría bien… Y verjas electrificadas untadas con mantekilla de cacahuete y veneno de cobra, sí… Bueno, ya basta de majaderías. A ver, tengo las piezas blancas. Buenas piezas, mira este caballo, k bien tallado está… Voy a jugar péon cuatro rey. No se atreverá a jugar la siciliana. Va a jugar una Caro-Kann, el muy cobarde. Me tiene miedo, sí… sonríe pero está cagado de miedo. Y hace bien. Soy mejor k él. Mejor k él de akí a China. Eh, tío, ¿sabes kién soy? Me llamo Bobby Fischer y soy el mejor jugador del mundo. ¿K no? Yo te enseñaré modales, ruso cabrón. Venga, empecemos. !Enfréntate a mí si tienes huevos!”.


[Event "Beograd World-SU Rd: 1"] [Date "1970.04.29"] [Result "1-0"] [White "Robert James Fischer"] [Black "Tigran Petrosian"]
1. e4 c6 2. d4 d5 3. exd5 cxd5 4. Bd3 Nc6 5. c3 Nf6 6. Bf4 Bg4 7. Qb3 Na5 8. Qa4+ Bd7 9. Qc2 e6 10. Nf3 Qb6 11. a4 Rc8 12. Nbd2 Nc6 13. Qb1 Nh5 14. Be3 h6 15. Ne5 Nf6 16. h3 Bd6 17. O-O Kf8 18. f4 Be8 19. Bf2 Qc7 20. Bh4 Ng8 21. f5 Nxe5 22. dxe5 Bxe5 23. fxe6 Bf6 24. exf7 Bxf7 25. Nf3 Bxh4 26. Nxh4 Nf6 27. Ng6+ Bxg6 28. Bxg6 Ke7 29. Qf5 Kd8 30. Rae1 Qc5+ 31. Kh1 Rf8 32. Qe5 Rc7 33. b4 Qc6 34. c4 dxc4 35. Bf5 Rff7 36. Rd1+ Rfd7 37. Bxd7 Rxd7 38. Qb8+ Ke7 39. Rde1+ 1-0
Un auténtico diablo de Tasmania. La fotografía data de los años 30, poco antes de k la especie se extinguiera. El pobre animal acaba de perder con negras en una variante poco afortunada de la defensa berlinesa.

Mir Sultan Khan
Buenas noches a todos los oyentes. Gracias por permanecer en sintonía a las cinco de la madrugada, insomnes y condenados a oír un nuevo programa de “Enigmas insondables de la historia del ajedrez”. Akí, en el dial de la WCXJ43, con Tom Calzone comiendo panchitos al micrófono mientras el camión robotizado de la basura despierta a todos los vecinos de la zona tras hacer caer un contenedor de vidrio desde cuatro metros de altura. ¡Entramos en calor, amigos!
Bien, hoy kiero hablarles de una figura singular. Un hombre callado, diminuto, de aspecto melancólico. Es natural del Punjab, una región del actual Pakistán k pertenece a la India Británica cuando él nace, en 1906. Su nombre es Mir Sultan Khan y desde muy pekeño demuestra grandes dotes para el ajedrez hindú (este tipo de ajedrez se diferencia del occidental en ciertas reglas concernientes a los peones). A mediados de los años veinte, Sultan Khan ya es el mejor jugador del Punjab. Su fama llega entonces a oídos del Nawab Umar Hayat Khan, kien es un fanático del ajedrez. (Nota cultural del día: los nawabs constituían la alta nobleza musulmana de la India. Solían ser terratenientes k nadaban en la abundancia, y algunos de ellos gobernaban también extensos territorios). El Nawab, impresionado por el juego de Sultan Khan, decide tomarle a su servicio con la intención de k aprenda también la versión europea del juego. Las lecciones aprendidas en casa del Nawab dieron pronto su fruto: Sultan Khan gana en 1928 el Campeonato de Ajedrez de la India tras ganar ocho partidas y hacer tablas en otra. ¡Buen trabajo, Sultan!

El Nawab con su traje de los domingos.
En la primavera de 1929, el Nawab decide emprender un viaje a Londres. ¡Ah, el hechizo irresistible de la metrópoli! Sultan Khan acompaña a su señor y, nada más llegar a Londres, el Nawab organiza un torneo de ajedrez con la exclusiva finalidad de foguear a su pupilo. Sin embargo, el nivel de juego en Gran Bretaña es bastante superior al de la India, sobre todo en lo k a teoría de aperturas se refiere. Sultan Khan acusa la falta de preparación teórica y keda clasificado en último lugar, empatado con otro zokete. Huelga decir k al Nawab no le complace la actuación de Sultan. Decide k ese vago tiene k sudar de verdad y contrata a dos de los mejores ajedrecistas británicos, Winter y Yates, para k entrenen a conciencia a Sultan. ¡Disciplina británica por todo lo alto!
El objetivo es disputar el Campeonato de Gran Bretaña de ajedrez, k se celebrará en el verano de ese mismo año. No sabemos si el Nawab amenazó a Sultan con tirarlo a un pozo lleno de serpientes en caso de k fracasara, pero el caso es k nuestro hombre se presenta al campeonato británico y lo gana brillantemente, para pasmo de propios y extraños, y por delante de Winter y Yates, sus ex profesores. “¿Ven cómo yo tenía razón?”, debió de pensar el Nawab. ¡Good work, Sultan!

Sultan Khan en el torneo de Hastings, 1930.
Harry Golombek, un ajedrecista inglés k formó parte del ekipo encargado de descifrar los códigos de la mákina Enigma durante la Segunda Guerra Mundial, nos explica su primer encuentro con Sultan Khan:
“Conocí a Sultan Khan cuando compitió en su primer Campeonato Británico, en Ramsgate, 1929. Dió la casualidad de k los dos nos alojamos en la misma pensión, una casa de huéspedes judía donde nos daban de comer estupendamente. Por akel entonces, Sultan Khan era incapaz de leer o escribir ningún idioma occidental. Lo poco k sabía de aperturas lo había aprendido viendo las partidas de otros jugadores hindúes capaces de leer en inglés. A pesar de k él apenas hablaba inglés, nos caímos bien y pasamos mucho tiempo juntos frente al tablero. Considerando las barreras de lenguaje existentes, he de decir k conseguimos entendernos bastante bien, sobre todo por medio de signos. Poco a poco descubrí k Sultan Khan no había recibido ningún tipo de educación. Era completamente analfabeto, bastante vago y estaba bendecido, o maldito, por un sentido del humor infantil k se ponía de manifiesto con una risa aguda y estridente. Le encantaba jugar partidas rápidas pero, aunke parezca extraño, los torneos le resultaban sumamente fastidiosos.”
Poco después de su triunfo en el campeonato británico, Sultan Khan vuelve a la India con su Nawab pero regresa a Europa al año siguiente. Es entonces cuando comienza su carrera ajedrecística propiamente dicha. Participa en los torneos más fuertes k se celebran en Europa y nunca keda por debajo del cuarto puesto. Gana otros dos campeonatos británicos en 1932 y 1933. Se enfrenta a los más grandes de su tiempo: Alekhine, Capablanca, Euwe, Rubinstein, Bogoljubow, Tartakower, Kashdan, Flohr, Marshall. Participa en tres Olimpiadas de Ajedrez como primer tablero de Gran Bretaña y obtiene excelentes resultados.

Torneo de Berna, 1932. Sultan Khan aparece leyendo el boletín del torneo. Max Euwe está a su izkierda. Alekhine está cruzado de brazos y mirando a cámara, más chulo k un ocho. A la derecha de Alekhine, el pekeño gran hombre del ajedrez checo: Salomon Flohr.
En estos años llega a situarse entre los diez mejores ajedrecistas del mundo. Su talento para los finales, la fase más difícil del juego, es sólo comparable al de Capablanca, Rubinstein y Alekhine. El primero de ellos, ex campeón mundial, llega a decir k Sultan Khan es el mayor talento natural k ha conocido (con excepción de él mismo, claro). Pero, a pesar de todo, nada había cambiado respecto al estado de servidumbre k le ataba a su Nawab. Reuben Fine, integrante del ekipo estadounidense k participó en la Olimpiada de Folkestone, Gran Bretaña, 1933, ofrecería años más tarde el siguiente testimonio:
“A la finalización de la Olimpiada de ajedrez disputada en Folkestone, el ekipo americano fue invitado a la residencia del amo de Sultan Khan. El maharajá nos recibió con la siguiente observación: “Es un honor para ustedes estar akí; generalmente sólo converso con mis galgos”. Aunke era musulmán, el maharajá tenía un permiso especial para ingerir bebidas alcohólicas y demostró un uso muy liberal de esta dispensa. Nos enseñó una biografía suya impresa en cuatro páginas en la k se contaban su vida y milagros pero, por lo k pudimos ver, su mayor logro había sido nacer maharajá. Entre tanto, Sultan Khan, kien era la auténtica razón de k estuviéramos allí, era tratado como un criado por el maharajá, y nos dimos de bruces con la insólita circunstancia de que fuera Sultan kien nos sirviera la sopa.”
K majo el Nawab, ¿verdad? Luego se extrañan de k la gente se haga comunista. A finales de 1933, el Nawab regresó a la India con Sultan para nunca más regresar a Europa. Esta simple decisión puso fin a la carrera ajedrecística del mejor jugador asiático anterior a la II Guerra Mundial. Desapareció detrás de su amo sin hacer el menor ruido, tan sigilosamente como había aparecido cuatro años atrás. Sabemos k en 1935 se enfrentó a uno de los mejores jugadores de la India, V. K. Khadilkar, en un match a diez partidas. Ganó nueve e hizo tablas en la otra. Después de eso, el silencio más absoluto. El Nawab murió unos años más tarde, en 1941. Parece ser k, por fin liberado de su amo, Sultan adkirió unas tierras y vivió como un pekeño propietario rural hasta su muerte en 1966.
La pregunta k se hace cualkier aficionado al ajedrez es obvia: ¿por k no volvió a jugar Sultan Khan tras la muerte del Nawab? Una ajedrecista hindú k le conoció durante sus años en Londres, de nombre Miss Fatima, ofreció una respuesta tan sorprendente k todavía causa asombro. Según ella, Sultan Khan vivió el regreso definitivo a la India como una auténtica liberación. El húmedo clima inglés provocaba en Sultan una continua sucesión de resfriados, gripes e infecciones de garganta k le traían por la calle de la amargura, hasta el punto de k era frecuente verle en la sala de juego con aparatosos vendajes en el cuello. Parece ser también k Sultan padecía alguna forma de malaria crónica k se complicaba cada vez k aparecían las molestias anteriormente citadas. Por último, y esto es lo más sorprendente de todo, Sultan Khan se alegró también de regresar a la India porke estaba harto de jugar al ajedrez. A él gustaba jugar para divertirse, para pasar el rato, no para k le sometieran a la agotadora presión de obtener buenos resultados frente a los mejores ajedrecistas del mundo. Por decirlo de otra manera, al Nawab le encantaba exhibirlo como su caballo de carreras y pasearlo por los torneos más fuertes del mundo, pero Sultan había acabado hasta los mismísimos cojones de tanto derby. “Nunca más”, debió de pensar tras la muerte del Nawab. Y así fue como Mir Sultan Khan desapareció del mapa ajedrecístico, como el discreto marido k baja a la calle a comprar tabaco y no vuelve a poner los pies en el hogar conyugal. ¡Bien hecho, Sultan!

Tartakower contra Sultan Khan y su turbante, 1931
Buenos días desde Sydney, Australia. Soy Tom Calzone y me complace saludarles una vez más. Son las ocho de la mañana y por fin, entre una expectación indescriptible, va a dar comienzo la prueba deportiva más importante del año. Televisiones de todo el mundo se han trasladado hasta aquí para retransmitir el acontecimiento deportivo más esperado, la prueba que congregará a más de dos mil millones de personas ante los televisores de todo el mundo. Desde Alaska hasta Tierra del Fuego, desde Vladivostok hasta Lisboa y Ciudad del Cabo, todo el mundo espera con impaciencia el inicio de la competición de triatlón que va a enfrentar a un canguro gigante y a una lubina de piscifactoría. Nadarán un kilómetro y medio, cubrirán veinte kilómetros en bicicleta y, por último, correrán diez kilómetros campo a través. Bien, Gregorio Ocatarinetabelachocho, ¿qué puedes decirnos sobre estos dos super-atletas que van a competir duramente por el triunfo?
GREGORIO O.: Hola, amigos. Bueno, Tom, poco hay que decir sobre los dos protagonistas que nuestros telespectadores no sepan ya. Por un lado tenemos a Bruce, el canguro gigante australiano tetracampeón mundial. Este año ha arrasado en todas las competiciones a las que se ha presentado: San Francisco, El Cairo, Londres, Moscú y Calcuta. Especial mérito tuvo su victoria en Calcuta, donde derrotó a una docena de vacas sagradas. Es un grandísimo campeón y llega en un momento de forma excelente.
TOM CALZONE: Así es. Se ha mostrado intratable durante toda la temporada, batiendo por dos veces el record mundial de la prueba. ¿Crees que sus logros tienen que ver con su reciente cambio de entrenador?
GREGORIO O.: Indudablemente tiene que ver, pero yo atribuyo un gran tanto por ciento de los éxitos de Bruce a su mentalidad netamente ganadora. Este canguro encara todas las competiciones con una fortaleza mental increíble. Más de un adversario ha reconocido sentirse intimidado ante la la fe ilimitada que posee Bruce en sí mismo.
TOM CALZONE: Sería difícil no estar de acuerdo contigo en ese punto. Probablemente estamos hablando del canguro con más garra competitiva de toda la historia. Es un marsupial que sólo compite para ganar, capaz de soportar esfuerzos auténticamente agónicos con tal de no salir perdedor.
GREGORIO O.: Su capacidad de sufrimiento es inmensa.
TOM CALZONE: Efectivamente. En el recuerdo de todos está su sprint final en los anteriores Campeonatos Mundiales, cuando superó en los últimos cien metros a la gran favorita, la veterana rata de cloaca Buba.
GREGORIO O.: Es imposible olvidar aquellas imágenes: Bruce llegó saltando a la pata coja, con la cara desfigurada por el dolor.
TOM CALZONE: Tendríamos que remontarnos mucho tiempo atrás para encontrar la última vez que Bruce fue derrotado en una prueba. ¿Tú recuerdas la última vez que sucedió?
GREGORIO O.: Bien, ha llovido mucho desde entonces. Fue, si no recuerdo mal, en el 95.
TOM CALZONE: En Dublín, ¿verdad?
GREGORIO O.: Exactamente. Bruce se enganchó la cola con los radios de la bicicleta y hubo de abandonar. Se llevó un disgusto tremendo. Metió la cabeza en la bolsa ventral y se negó a hacer declaraciones a los medios.
TOM CALZONE: Es un canguro con muchísimo amor propio, no soporta cometer fallos por pequeños que sean. Bien, tras este breve repaso a la carrera de Bruce, vamos a centrarnos en su rival de hoy. ¿Qué puedes decirnos sobre Irina, la lubina de piscifactoría que se ha izado a los primeros puestos del escalafón en un tiempo record?
GREGORIO O.: Bueno, Irina es una auténtica superclase. Para empezar, acabó con todos los tópicos que atribuían a las lubinas de piscifactoría unas prestaciones inferiores a las de sus congéneres de mar. Su progresión posterior en las pruebas de bicicleta y campo a través ha sido realmente espectacular. Esta magnífica atleta ucraniana se ha convertido en el portaestandarte de toda una generación de lubinas de piscifactoría que aspira a dominar la escena del triatlón en los próximos años.
TOM CALZONE: Acabas de decir algo que merece un comentario, Gregorio. Hasta la irrupción de Irina en el horizonte triatleta, muy pocos especímenes marinos se habían atrevido a competir en esta prueba tan selectiva. Que yo recuerde, sólo algunos calamares lograron buenas clasificaciones en esta disciplina tan exigente.
GREGORIO O.: Es cierto… si no me equivoco, Octopus Gonsales llegó a ser décimo en un campeonato mundial justo el año anterior a su retirada.
TOM CALZONE: Un calamar con un estilo peculiarísimo sobre la bicicleta, ¿verdad?
GREGORIO O.: Realmente peculiar. Al igual que otros grandes campeones retirados, trabaja ahora como comentarista para la televisión de su país. Por cierto, ayer me crucé con él y me dijo que se había casado. Su esposa espera chopitos para Septiembre.
TOM CALZONE: Una gran noticia. Aprovechamos, cómo no, para felicitar a nuestro buen amigo Octopus y desearle una venturosa paternidad. Continuando con el análisis que estamos haciendo de Irina, no estaría de más comentar la positiva influencia que parece haber obrado en ella su reciente conversión al judaísmo. Está más fuerte que nunca, ¿no crees?
GREGORIO O.: No hay duda al respecto. Irina tenía su punto de Aquiles en cierta inconsistencia para entrenar a diario. Ahora sólo deja de entrenar los días que caen en sabbath.
TOM CALZONE: Mira, las cámaras están enfocando a su mentor espiritual, el rabino Turulawsky.
GREGORIO O.: Me parece… creo que está desplegando el muro portátil de las lamentaciones que llevan consigo a todas partes, ¿no?
TOM CALZONE: Así es. Forma parte de la estrategia psicológica que utiliza el equipo de Irina para ayudarla a rendir al máximo.
GREGORIO O.: Ahora empezará a aporrearse la frente contra el muro mientras salmodia cánticos en hebreo. Una práctica que ha sido vivamente censurada por Comadreja Robbins, el entrenador de Bruce. Antes de iniciar su carrera como entrenador de canguros triatletas, Robbins fue predicador de la Iglesia Trigésimo Tercera de la Cebada Gozosa sobre el Césped, credo que preconiza la comunión con el Cosmos a través de la ingesta de tercios de cerveza.
TOM CALZONE: Efectivamente. Se trata de una secta escindida de la Iglesia de la Cebada Universal. Comadreja Robbins se desvió de la ortodoxia doctrinal al afirmar que únicamente las botellas de tercio proporcionaban el estado de ánimo ideal para ser uno con el Universo. Abominó de los botellines de quinto y fundó la Iglesia Trigésimo Tercera, seguido por un elevado número de adeptos…
GREGORIO O.: … muchos de los cuales suelen acompañar a Bruce cuando compite. Siempre forman un grupo alegre y ruidoso que aporta una nota de color a las competiciones.
TOM CALZONE: Si bien es cierto que la Federación Internacional de Triatlón les ha amonestado repetidas veces por orinar en público contra los árboles.
GREGORIO O.: O por arrojarse ebrios contra los adversarios de Bruce. Pero dejemos a un lado estos aspectos anecdóticos y centrémonos en la competición que está a punto de empezar. Bruce e Irina se hallan ya esperando el pistoletazo de salida. Bruce lleva calzón verde, mientras que Irina porta su inconfundible cinta naranja en la cabeza. Observa, Tom, con qué tensión espera Irina el pistoletazo de salida. Tiene medio cuerpo fuera de la pecera y su expresión es de absoluta concentración.
TOM CALZONE: El rabino Turulawsky sostiene la pecera mientras susurra en el oido de Irina unas últimas instrucciones tácticas y… ¡suena el disparo de salida!
GREGORIO O.: ¡Ha empezado la competición! Bruce da un salto de diez metros y se zambulle en el agua, adoptando inmediatamente el estilo espalda para nadar. Irina da unos pequeños saltitos hasta la orilla y se sumerge igualmente en el agua. Rápidamente alcanza a Bruce y toma una pequeña ventaja que… ¿pero qué es eso?
TOM CALZONE: ¿Uh?
GREGORIO O.: ¡Allí, a cien metros de Irina y Bruce!
TOM CALZONE: Parece… es una masa de gran tamaño que se acerca velozmente a los participantes y… ¡oh, Dios mío! ¡Son las hermanas Moby, las Ballenas Forajidas!
GREGORIO O.: ¡Que alguien las detenga!
TOM CALZONE: ¡Seguridad, llamen a Seguridad!
GREGORIO O.: ¡Demasiado tarde, Tom! Se han echado encima de Irina y Bruce y…
TOM CALZONE: ¡No!
GREGORIO O.: !… abren las fauces y engullen a los dos participantes, sumergiéndose a continuación!
TOM CALZONE: ¡Todo ha transcurrido en cuestión de segundos! Mira, ahora llegan las lanchas guardacostas, pero ya es demasiado tarde. !Las hermanas Moby han vuelto a sabotear el Campeonato del Mundo de Triatlón!
GREGORIO O.: Esto es ultrajante.
TOM CALZONE: Vejatorio.
GREGORIO O.: Humillante. Este suceso da la razón a quienes abogan porque las competiciones de triatlón se disputen en lagos interiores y no en mar abierto. No podemos estar a expensas de que dos desalmadas como las hermanas Moby, las famosas Ballenas Forajidas, impidan la práctica de este bello deporte.
TOM CALZONE: Ahora pedirán un rescate exorbitante por Bruce e Irina, ¿no, Gregorio?
GREGORIO O.: Es lo más probable. En su último secuestro de triatletas exigieron una cantidad de plancton equivalente a la superficie de Ibiza.
TOM CALZONE: Gregorio, creo expresar una opinión generalizada si digo que hace falta más mano dura con este par de ballenas desvergonzadas.
GREGORIO O.: Comparto totalmente tu apreciación. Deben ser llevadas ante un Tribunal Ballenero Internacional donde respondan por sus delitos.
TOM CALZONE: En fin, queridos espectadores… La competición ha llegado a su fin antes de haber empezado realmente.
GREGORIO O.: Un trago amargo para todos los aficionados al triatlón. No nos queda sino despedir la retransmisión y desearles que pasen una buena mañana de domingo.
TOM CALZONE: Podrán tener más noticias sobre este espectacular secuestro en nuestro telediario de las tres de la tarde. Desde Sydney, Australia, y completamente consternados por el luctuoso incidente, despedimos esta conexión para la WRXJ43.

Muy buenas. Hoy ofrecemos, dentro de nuestra popular sección “Manifiestos con patatas”, una importante contribución al debate ideológico de mayor calado dentro de la Literatura contemporánea. Así es, amigos, lo han adivinado. La pregunta k trae de cabeza a todos los defensas centrales del planeta es la siguiente: ¿deben desaparecer los prólogos de las novelas? O dicho de otra forma: ¿es de recibo k alguien escriba diez o veinte páginas dando su opinión sobre una novela y k su texto preceda al de la propia novela? Guardemos un minuto de silencio mientras las ruedas dentadas de nuestros cerebros comienzan a ponerse en marcha. ¿Ya? Empecemos por el principio: el prólogo es una especie de sub-género literario k, por lo general, irrumpe en nuestras vidas cuando nos da por comprar un ejemplar de “El Kijote”, “Fausto”, “Hamlet” o “Madame Bovary”, o sea, los clásicos de toda la vida de Dios. Es obvio k existe una relación directamente proporcional entre la probabilidad de k la edición de una novela contenga prólogo y los años transcurridos desde k esa novela se publicó por primera vez. Así, nadie se extraña de k “El código Da Vinci” carezca de prólogo pero, por el contrario, es prácticamente imposible encontrar una edición de “El Kijote” sin un prólogo espeso e interminable, con biografía de Cervantes incluída.
Las razones aducidas por las editoriales para incluir un prólogo en un tomo de, por ejemplo, Dante o Moliere, son de dos clases: a) Esas obras fueron escritas hace la torta de años y el lector no está preparado para entenderlas -el lector es una especie de borrico iletrado k no distingue el siglo XX del Pleistoceno- si no es con el asesoramiento previo de un erudito, el cual se empeña en derramar todo su saber sobre la época histórica en la k se escribió la citada novela, obra de teatro o poema, haciendo especial hincapié en el hecho capital de k los capiteles trilobulados mencionados en la página 237 por la tía-abuela del protagonista encierren una sutil alegoría gnóstica de la Conciencia Universal; b) No es posible k el lector -un memo integral, o eso deben pensar las editoriales- aprecie la sensibilidad literaria del autor sin k el prologuista desvele, o crea desvelar, todas y cada una de las obsesiones, tanto poéticas como vitales, del Maestro a cuyo estudio ha consagrado su vida. Es importante señalar k el sub-sector b) se ramifica en dos corrientes, más o menos irreconciliables: la bi) y la bii). La bi) aboga por explayarse en toda suerte de diskisiciones académico-pajeras sobre el autor en cuestión, pero poniendo cierto cuidado en no desvelar al lector la trama de la novela, mientras k la bii), afín a la facción herética conocida como “Ediciones Críticas por la Gracia de Dios”, no sólo se limita a prologar la novela, sino k trufa la misma con un rosario de notas a pie de página del tipo “nótese la amarga ironía subyacente en la respuesta de Mijaíl Alexéievich Kutúzov a Anna Pavlovna Bolkonskiaya; un antecedente desencantado del angst vital nietzscheano” o, lo k es peor, “el padre de Fulanita todavía no sospecha, como se verá más adelante, k su hija se prostituye para traer dinero a casa”. Esto ya es el colmo, claro. No tiene perdón de Dios k un mamón te reviente la trama anticipándote algo k has de descubrir por tí mismo cincuenta páginas después, pero, sin embargo, sucede. Y esto nos lleva al conflicto fundamental k plantean los prólogos: ¿por k demonios se ofrece al lector el prólogo antes k la propia obra?
No existe respuesta satisfactoria. Porke es un prólogo, contestarán los reaccionarios. Porke sirve de presentación a la obra, porke ayuda al lector a entender el texto, porke patatín y patatán, blablabla/brasa/zzzz/blabla/más brasa/yo he venido a hablar de mi libro, etcétera. Pero en El Show de Von Patata no nos chupamos el dedo, no. ¡Sabemos muy bien k los prólogos deben ser proscritos de la faz de la tierra y k jamás deberían editarse en los libros precediendo al texto, sino a continuación del mismo! Ustedes se preguntarán por k decimos esto dando grandes voces. Bueno, pues porke los prólogos no hacen más k contaminar y joder la lectura de cualkier obra. Imagínense k vamos a empezar una novela y aparece el pelma del tío Demóstenes diciendo “ah, sobrino dilecto, veo k te dispones a atacar el Ulises; deja k te aclare las sinuosas intenciones del autor”. Obviamente frenaríamos en seco los locos intentos del tío Demóstenes por colocarnos un discurso granítico sobre la presunta obra maestra de Joyce, ya k para disfrutar o aburrirnos con el Ulises no necesitamos ayuda suplementaria de nadie. No digo k el tío Demóstenes no tenga información interesante k ofrecernos acerca de esa obra, lo k digo es k debemos acceder a esa información después de haber leído la obra, no antes, ya k de lo contrario corremos un riesgo claro de leer el Ulises del tío Demóstenes, y no el Ulises de Joyce.
Bien, una vez aclarada esta cuestión, sólo resta exigir a las editoriales los siguientes puntos: a) k impriman los prólogos al final del texto, justo al contrario de como se suele hacer; b) k los prólogos dejen de llamarse prólogos, ya k nunca más precederán a la palabra. A partir de ahora se llamarán epílogos, k es mucho más adecuado. Como medida de presión para k nuestras demandas sean atendidas, El show de Von Patata convocará próximamente un acto público, en el Retiro madrileño, en el transcurso del cual se arrancarán las páginas de todos los prólogos k encontremos en nuestras bibliotecas. Les mantendremos informados.

Hace tiempo, leyendo “My great predecessors, vol. 4” de Garry Kasparov, encontré una anécdota muy comestible para frikis del tablero. La protagonizaron Alexander Alekhine, campeón del mundo de ajedrez entre 1927 y 1946, y Miguel Najdorf, gran maestro de origen polaco k adoptaría más tarde la nacionalidad argentina. En 1939, ambos jugadores disputaron en Buenos Aires un mini-match a dos partidas con el resultado final de 1-1. Una vez terminado el encuentro, Najdorf y Alekhine se dirigieron al bar más cercano y procedieron a emborracharse con eslavo frenesí (las melopeas de Alekhine eran legendarias y, de hecho, murió completamente alcoholizado). Después del noveno o décimo vodka, Najdorf exclamó:
- Alexander Alexandrovich, he de reconocer k es usted el mejor jugador
del mundo. !Camarero, otra botella! Por eso me enorgullece tener
un marcador a mi favor en las partidas k hemos jugado hasta ahora.
- ¿Cómo dice? Pero eso es absurdo… !Hemos jugado únicamente dos
partidas y hemos empatado!
- Se ekivoca, kerido amigo. Hace diez años, en Varsovia, usted dió una
exhibición jugando treinta y dos partidas simultáneas. Dos de esas
partidas se jugaron a la ciega (*) y yo fuí su adversario en una de
ellas, precisamente en la única partida k perdió usted. Por tanto, el
marcador entre nosotros es 2-1 a mi favor.
Entonces Alekhine se kedó mirando fijamente a Najdorf y, con la lengua
hecha un trapo, replicó:
- !Maldita sea! ¿Fué usted kien sacrificó la torre en a3?
(*) Alekhine jugó la partida sin mirar al tablero.



